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El bodegón de 1950 que hacía 1000 cubiertos por día y no cerraba nunca: hoy, es el templo del asado y la milanesa

Fundado por un asturiano en 1950, abría las 24 horas y era punto de encuentro de la noche porteña

Martes, cuatro de la tarde. Seis personas se sientan a una mesa y ordenan una milanesa a la fugazzeta de tamaño “large” y un Gran Asado Cambalache (un kilo doscientos de tira de asado banderita con papas fritas y ensalada mixta) para compartir. Al ratito, ambos pedidos llegan ocupando, cada uno de ellos, dos platos grandes desbordantes de porteñidad. El almuerzo tardío termina rozando las cinco de la tarde; entonces, piden café.

“Antes en Pepito no servíamos café. Cuando yo entré, hacíamos 1000 cubiertos diarios y cuando una mesa pedía el postre ya la gente que esperaba para sentarse se iba acercando. Incluso si eran conocidos (porque acá había muchos habitués que se conocían entre ellos), arrimaban una silla a la mesa y se sentaban a charlar, mientras unos terminaban y otros estaban por empezar a hacer el pedido”.

Pepito Bodegón - Parrilla y Milanesas

Foto Fabián Marelli

Quien contrasta las costumbres de ayer con las actuales es Hernando Ochoa, de 61 años, mozo de este clásico bodegón fundado em 1950 por el asturiano Manuel Cardin sobre la calle Montevideo, a metros de avenida Corrientes. Jopo prolijamente peinado, camisa blanca impecable, delantal y la tradicional costumbre de tomar los pedidos de memoria –“desde que trabajo de mozo jamás anoté un pedido… ¡ni lapicera tengo!”, se ríe– describen a este gastronómico de toda la vida, que desde hace 36 años recorre este salón que, años atrás, funcionaba las 24 horas sin parar.

–Hernando, ¿cómo llegaste a Pepito?

–Entré en el año 90. Yo trabajo en gastronomía desde los 14 años. Empecé acá cerca, en Corrientes y Libertad, en una confitería que se llamaba Brasilia. Antes de entrar a Pepito trabajaba al mismo tiempo en la Embajada de Israel por las mañanas, con los desayunos, y por la tarde en el hotel Sheraton. Después estuve un tiempo sin trabajo hasta que llegué a Pepito. En ese entonces yo buscaba un lugar donde asentarme y decir “acá hago carrera”. Cuando llegué me tomaron una prueba que iba a ser de cuatro días, pero ya en la primera noche quedé, porque venía con un manejo bastante fluido del salón.

–¿En esa época el restaurante funcionaba 24 horas?

–Sí, acá venías a las dos de la mañana y estaba lleno. En una época mi turno terminaba a esa hora, pero como hasta las tres no pasaba el colectivo que me llevaba a mi casa en Lomas de Zamora, me quedaba a ayudar porque el salón era un mundo de gente. Y no era que a esa hora llegaban mesas de dos personas… De repente aparecían mesas de 10 o 15 de improvisto. Pensá que antes del 2001 hacíamos 1000 cubiertos por día. Había épocas en que, según cómo andaba la economía del país, se utilizaba mucho el comer una sola vez al día. Era, de repente, una merienda-cena. Y para eso los platos abundantes de bodegón funcionaban muy bien.

Pepito Bodegón - Parrilla y Milanesas

Foto Fabián Marelli

–Pepito siempre estuvo muy ligado al circuito de teatros de avenida Corrientes.

–Sí, pero acá siempre había y hay gente de día y de noche. Muchos que salen de los teatros viene a comer a Pepito e incluso vienen los que actúan en las obras, que en general vienen antes de la función, temprano. Pero de día también viene mucha gente que trabaja en el Palacio de Tribunales; también está cerca Sadaic, y vienen los músicos a comer.

–¿Qué celebridades recordás haber servido?

–Uf, ¡un montón! Alfredo Alcón, por ejemplo, venía muy seguido en una época en que tenía una obra en cartel en el Teatro San Martín: cuando entraba al salón había gente que se ponía de pie y lo aplaudía. Hoy viene seguido Miguel Ángel Solá, que tiene una obra cerca. Gerardo Sofovich también venía con Cecilia Milone; lo mismo su hermano, Hugo. De Sadaic venían Los Nocheros, entre otros, y muchos bailanteros como Antonio Ríos, Sebastián o Gary.

Pepito Bodegón - Parrilla y Milanesas

–¿Y Rodrigo?

–Sí, era increíble la cantidad de fans que lo esperaban afuera. Él era muy tranquilo, tomaba cerveza (mucha cerveza) y comía pollo o asado, ¡y entraña, que en esa época era un boom en nuestra carta! Después la tuvimos que sacar porque ya no venía de buena calidad. Con JAF pasaba algo parecido a lo de Rodrigo: la gente lo reconocía por el pelo largo y tenía que entrar rápido al restaurante. Acá vino todo el mundo… Vinieron presidentes: Menem, De La Rúa; intendentes como Aníbal Ibarra. También muchos boxeadores del Luna Park, incluso Don King vino varias veces, él y su hijo.

–En esas épocas en que hacían 1000 cubiertos por jornada, ¿cuántas milanesas o entrañas salían por noche?

–Imposible saberlo. Yo llegaba y el negocio estaba lleno; me iba y seguía lleno. Otros restaurantes que estaban cerca, como Pippo, cerraban a las dos de la mañana; nosotros, a las seis, todavía teníamos gente comiendo. Pensá que antes acá traían directamente las medias reses y las despostábamos para separar los distintos cortes. Y eran varias medias reses las que traían cotidianamente, porque teníamos que tener en stock tres veces lo que se vendía cada día.

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Por Sebastián A. Ríos

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